Hoy quiero hablarte sobre lo que aprendí de una experiencia que viví el fin de semana, resulta que todos los domingo llevo a mi hija a clase de baile y este domingo me quedé viendo toda la clase y observé una situación particular que me llamó la atención. Sucede que en la clase hay solo tres niños, y de estos tres, hay dos que hacían muy bien los movimientos que indicaba la instructora de baile y el otro no lo hacía tan bien, digamos que era el que más se equivocaba, pero sonreía todo el tiempo, si lo hacía bien sonreía y si lo hacía mal lo volvía a intentar pero continuaba riendo, mientras que los otros dos chicos por el contrario tenían una actitud parca, sus movimientos ni por error iban acompañados de una sonrisa, no miraban a sus compañeras de baile, de hecho bailaban y miraban como al horizonte.
La verdad me hacía sentir gusto, deseo y emoción el ver bailar al chico que se equivocaba y sonreía todo el tiempo, que a los chicos que lo hacían bien, pero no sonreían y se veían fuera del salón y esto fue lo que me llevó a la reflexión que quiero compartirte hoy y es:
“¿Cuantos de nosotros nos movemos en la vida siguiendo el ritmo que está nos marca, pero no estamos lo suficientemente conectados con ella para disfrutarla?”
Por eso quiero invitarte a que analices tu situación de vida actual y determines si realmente cada cosa que haces la estás disfrutando o las estás haciendo mecánicamente, porque la aprendiste y la tienes grabada en tu mente, por tanto andas como un autómata en la vida.
Mira a tu alrededor e identifica cuantas personas viven su vida de esta manera y es por ello que al ver una persona enérgica, sonriente y positiva, sentimos tanta admiración por ella y el corto deseo de ser así, sin saber, ni entender, que simplemente lo podríamos hacer si solo tomáramos la decisión de disfrutar la vida, disfrutar conscientemente de lo que hacemos o cambiar nuestra vida para hacer lo que realmente nos gusta y así poder vivir sonrientes y felices cada instante de nuestra existencia, con lo cual, vale anotar, haríamos muy felices a muchas personas a nuestro alrededor y seguramente muchos de ellos también querrían hacer el cambio.
Así que no esperes más por favor, haz lo que quieres o quiere lo que haces, de acuerdo a tu situación particular y aporta así a la felicidad y paz que este mundo necesita.
Antes de terminar quiero dejar claro que no ha sido mi intención el criticar a los chicos de la clase de baile de mi hija, porque esa actitud en ellos es un poco comprensible a su edad (12 a 13 años), dado que están en pleno ingreso a la adolescencia, etapa en la que suele haber temor por el contacto con las niñas y muchos más complejos y temores que seguro recordarás de esa edad.
Recuerda:
“Así como en el bailarín se ve mejor si realmente disfruta bailar, así mismo te verás y te sentirás mejor tú si disfrutas la vida.”
Espero reflexiones sobre esto y me dejes tus comentarios al respecto.
